Los suelos de patios y jardines están expuestos a suciedad y condiciones ambientales cambiantes. Para que su estética y funcionalidad dure mucho tiempo hay que aplicarles los cuidados de los pisos de exterior. A continuación te presentamos estos consejos que debes seguir para brindarles mantenimiento adecuado. Sigue leyendo y conócelos

Escogiendo el material adecuado para pisos de exterior

Los patios y jardines están expuestos a la suciedad, cambios climáticos, tránsito de peatones incluso hasta de vehículos. La humedad que llega desde las plantas puede ir deteriorándolos con el paso del tiempo.

Cuando se eligen los pisos de exterior de la casa hay que pensar en varios factores. El uso que se le va a dar, si es resistente a temperaturas altas y bajas, y a otras inclemencias del tiempo. El suelo complementa la estética de patios, jardines y terrazas, pero si no se cuidan bien, el paso del tiempo terminará deteriorándolo.

Otro aspecto a considerar es el material que se va a instalar en el suelo. Este debe ser mucho más resistente al que se usa en interiores. Entre las opciones más populares encontramos las siguientes:

  • Ladrillos: resistente y puede durar muchos años. Es fácil de limpiar.
  • Cemento pulido: es fácil de limpiar y resistente a las grasas.
  • Cerámica: también son muy resistentes. Hay distintas opciones entre las que puedes elegir. Unos son más resistentes que otros a las manchas y condiciones exteriores.
  • Piedra natural: dura mucho tiempo y es de fácil mantenimiento. Por ser un elemento natural queda muy bien en el exterior.
  • Madera: uno de los materiales preferidos por su estética y calidez. Suelen instalarse como tarima flotante. Demandan más mantenimiento que las demás opciones.

Si el suelo estará expuesto a químicos al agua o tendrá mucho tráfico hay que utilizar el adecuado. Esto te ayudará a escoger el material correcto. Pero, también a darle el tratamiento más adecuado cuando ya esté instalado.

Detrás de los suelos para patios exteriores que mantienen su apariencia como nueva hay un cuidado continuo. Sigue los siguientes consejos para que se mantengan siempre como nuevos.

Revisa el pavimento

Tómate un momento cada semana para revisar el pavimento en busca de cualquier detalle. Si hay manchas, rayones, roturas o cualquier otro problema que debe ser tratado.

Es mejor identificar el problema con tiempo y resolverlo antes que el daño sea mayor. Será más fácil tratar un área pequeña, antes que se extienda por el suelo.

Limpia con frecuencia

Si bien los suelos necesitan limpiezas profundas para que queden como nuevos, evita que su apariencia se estropee haciendo una limpieza sencilla cada semana. Barre el pavimento para quitar el polvo, tierra, hojas, y otros desechos. Elimina la grasa en aquellas áreas donde transiten vehículos.

Lava el área con una manguera si es necesario y aplica un poco de detergente, de acuerdo al material. Friega con una escoba para exterior y luego retira con agua.

Ten los implementos y productos necesarios

Para limpiar el bien todo el pavimento hay que tener los implementos adecuados. Es básico tener un kit de manguera, una escoba de cerdas duras para exterior y otra de cerdas suaves.

Para limpiezas profundas puedes necesitar una hidrolavadora. Si no tienes una puedes adquirirla con nosotros.

Debes tener cuidado con los equipos y productos que uses en los distintos tipos de pavimento para exterior. Porque no todos servirán para los mismos materiales. Los químicos inadecuados podrían afectar el color o manchar el suelo. Y algunos materiales podrían rayarse si usas el cepillo de cerdas duras.

Prueba primero químicos delicados

Los productos químicos pueden provocar daños en los suelos. Asegúrate de elegir bien el producto que necesitas de acuerdo al material que tengas en el patio o jardín. Antes de aplicarlo lee bien la cantidad recomendada y los posibles efectos al usarlo.

Protégete bien con guantes y tapabocas. Para eliminar cualquier mancha comienza siempre utilizando el producto más suave. Si no funciona, utiliza uno más fuerte, eliminando siempre los restos que queden del anterior para evitar reacciones químicas.

Para evitar daños en el suelo prueba primero el producto en un área pequeña. Si no tiene ningún efecto negativo en la superficie, puedes utilizarlo en el resto del área.


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